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domingo, 28 de noviembre de 2010

Décima noche



¡Va a pasar algo terrible en el año 2016!: Europa. Europa será conquistada por los turcos. Ya no va a ser más Roma la supermacia del Cristianismo —siquiera tendremos Papa en el Vaticano—. Habrá un regente religioso llamado Aláj Mabul —el nombre significa líder absoluto sobre mentes de la Tierra—. Un Aláj Mabul bendecirá a quien en futuro más distante sea rey del mundo —apocalípticamente diríamos ‘el Anticristo’—. Porque es sabido que la Revelación incluye Dragón, Bestia (Anticristo) y Falso Profeta. Entonces tenemos al Diablo, al rey del mundo y al Aláj Mabul.
Esta historia de los diez en Cañuelas transcurrió allá por 2023; estimo que para entonces estaría ya muy próximo el advenimiento de dicho gobierno maldito.
No porque sí digo las cosas, el punto clave acá es Francisco.
Había venido, hasta ahora, comportándose en templanza: de nadie se burló —salvo una vez—, no bailó, evitó el alcohol, no cuestionó a Santiago…. No, Francisco era serio y puro; actuaba con intenciones delicadas.
Observen esto que les contó a los chicos:
“¿Vieron como pasó con Sansón, o por ejemplo con San Bautista? Oquéi, así también se dio conmigo: un ángel me adivinó. Llegó y les dijo a papá y mamá que tendrían un héroe, un enemigo del Demonio. La señal era que al nacer estaría limpito, sin sangre.
Entonces es evidente que yo no soy cualquiera; Dios me colocó en un lugar privilegiado. Voy a ser quien encare al Anticristo y lo mate a espada —pero va a resucitar, así dice la Escritura—. Igual es todo un honor pelear contra un hombre así. De hecho la espada ya la tengo, se la dejó el ángel a papá. La espada….
Pero mientras tanto mi misión es predicar mucho para que la gente no termine siguiendo a Satanás. Así que bueno, tengo un mensaje de Cristo para todos ustedes:
El pecado es hereditario —desde Adán y Eva—. El pecado es condenable. Ustedes portan pecados. Ustedes son condenables. La condena es el Abismo. Ustedes se van al Abismo.
Solo hay una forma de que les huyan del alma esos pecados: Jesús el Liberador. La muerte de Cristo fue una muerte a la condena; y la resurrección fue un pasaje al Cielo. Pero para que a ustedes les venga ese favor, necesitan bautizarse. El bautismo cristiano significa morir y resucitar como el Señor, y así tornarnos puros, no condenables y luz de Dios en la Tierra.
Ese es el mensaje. Y bueno, el Aláj Mabul es malo, no lo aprecien.”

El grupo quedó silencioso. De pronto la chica bruja —Ludmila— gritó “basta”. Ah, pero fue horrendo: el cuello lo tenía colorado, con todas las venitas marcadas. La expresión de su cara era como la de una hiena defecando, o como algún otro tipo de carnívoro. Comiendo. Francisco dijo “no la abracen, está poseída”. ¿Poseída?, preguntó Santiago. ¿Y qué hacemos?, preguntó Jeannette. ¿La matamos?, preguntó Alejo. ¡No!, dijo Abdul desesperado. ¿Qué hacemos?, preguntó Albana. ¿Está poseída?, preguntó Santiago. Tiene al Diablo, respondió Francisco. ¿La matamos?, preguntó Alejo. ¡No existe el Diablo!, exclamó Arturo desesperado. Dejen que le ore, dijo Francisco. ¡Dejame a mí!, gritó Abdul celoso. Yo la mato, dijo Santiago triste. ¡La están amando!, dijo Albana, ¡son ellos!
Nuevamente enmudecieron. Aquel “son ellos” de Albana causó tanta impresión que nadie quiso agregar nada y se quedaron tranquilos vigilando a la bruja.
Segundos después algo azaroso ocurrió: el fueguito del fogón se hizo fuego grande, ¡muy grande! Y empezó a mostrarse con figura, ¡una figura de ángel! Y este ángel golpeó el suelo y dijo estruendosamente: “Ya es la hora-Ya es la hora-Ya es la hoooora.”
Y siguió:
 “¡La bestia tomó el reino! Abandonen Cañuelas, viajen a Roma. Sigan a Francisco y maten al Demonio. ¡Muestren si merecen la Salvación!”

Y así fue.
Mau-
   

sábado, 27 de noviembre de 2010

Novena noche


Todos los jóvenes eran porteños salvo Marita, ella nació en La Rioja, era entonces la única provinciana. Santiago le había dado unos besos la noche anterior, pero no porque le gustara ni mucho menos; no, él estaba bajo influencias mágicas.   
Este chico era un destacadísimo tenista, y no se podía creer lo que lograba con esa raqueta —hasta cazaba sapos—: con solo veinte años tenía ya ganados treinta y seis torneos —quince a nivel mundial—; su madre, que era escultora, hizo en el jardín de la casa una estatua de dos metros ochenta. Y la estatua era como Santiago. ¡Pero de bronce!
Bíceps sólidos, pectorales grandes, muslos atractivos… ¡Todo el cuerpo de Santiago era radiante! De hecho, era difícil mirarlo y no desearlo. Pero lamentablemente era feo por dentro: se burlaba de cualquiera, siempre buscaba los aspectos negativos de los demás para propagandearlos —escupía—…. Y sabemos que todo el que es así no queda sin castigo (?).
Lean aquello que habló aquella noche (aquel Santiago):
[aquellos/as]
“¡Aquel que piense que yo soy poca cosa que levante la mano! …  …   … ¡Eh, qué les pasa! … Bueno, a ver, vayamos uno por uno: vos, Ramiro, mejor no digás nada; ¿cómo puede ser que estés con una chabona del Infierno que te embruja y encima se engalana a varios? No me parece. ¡Y lindo no sos!
Alejo, ¡flor de extraño saliste! Primero, porque estás con los de Jehová; segundo, porque abusás de los ministros; tercero, porque hablás finito, y tenés un ojo azul y el otro no, ¡así que callate!
Y bueno, lo único que faltaba: Albana. … … Mirá, pibita, yo podré ser un genio del deporte, pero vos sos una enferma mental. ¿Quién te cree lo de las violaciones cósmicas? No te digo más porque ¡me gustás mucho! y te iba a pedir noviazgo. Entonces paso al otro.
Oquéi, el último, Abdul. La frutilla del…. ¡¿Cuál es tu problema conmigo?! Decí que te respeto por tu religión, porque se dio que ahora es poderosa, pero no me hables más. Mahoma era un sinvergüenza. ¡Y vos también! Un poquito. 
A todos los demás les doy gracias por no ser crueles. Los aprecio, creo que son buena gente. Marita está enamorada de mí, lo noté, pero yo estoy engolosinado con Albana; perdoname, negra. Si llegado el caso ella no me acepta, te prometo que a la vuelta nos vamos juntos a tomar un helado.
No voy a contar ninguna anécdota, solo quería poner algunas cositas en claro. Dejémosle a Francisco dar el broche de…. ¿Mañana ya terminamos, no? Bueno, entonces vos Francisco tendrás que deslumbrarnos.
No sé, listo, ¡hasta acá dije suficiente! ¿Por qué no cantamos algo y bailamos un rato?”

Y así fue como bailaron y comieron pizza el resto de la noche.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Octava noche


Ludmila les propuso encarar la reunión de manera distinta. Como era su turno, tenía derecho a imponer las reglas. Quiso que todos se vistieran con solo dos colores: negro y rojo. En vez de poner el fogón en el medio, como venían haciendo todas las noches, ordenó que se clavasen en el pasto estacas de madera —tenía que formarse una gran estrella—. Encendieron cada estaca y luego se ubicaron todos de la estrella para adentro.
Conviene que dé algunos detalles sobre el aspecto de esta chica: medía un metro ochenta, su pelo era colorado claro medio rosa, tenía noventa y seis de busto, la nariz respingadita, sus ojos eran enormes ―y de tono azul oscuro—, la piel tostada pero no mucho, los labios exageradamente carnosos y pintados de azul oscuro —al menos esa noche—, pesaba alrededor de setenta, en el ombligo tenía dos aritos —un cuarto de luna y un sol—, no había un solo pelo claramente visible de su cuello para abajo y en la parte inferior de la espalda gozaba de un tatuaje. El tatuaje era el típico de los satanistas, el de la cruz de Cristo puesta al revés. Su edad no la sé bien, pero calculo que iba por más de los veintidós años.
Así fue su discurso:
“La noche es el mejor momento del día. La luz es buena porque sin ella no apreciaríamos la oscuridad. Yo uso hechizos para atrapar mis varones. A Ramiro lo retengo así, y a otros tantos los tomo, los uso un rato y después los amo mucho, y los dejo. Esto del Infierno, el mal, los demonios, las ninfas, zarabanda y Lucifer es todo pura realidad. ¡Y gracias a Dios que es así! Mi ingreso en satanismo fue a los siete. Les cuento cómo fue: resulta que mi mamá estaba en pareja con un pastor evangelista; el tipo era muy pasional, por cualquier cosa gritaba, golpeaba, lloraba o pedía favores. Yo estaba confundida, porque me hacía la idea de que Jesucristo había sido medio como él. Entonces, como a mi padrastro lo recontra despreciaba, le tomé también desprecio a Jesucristo. Un día salí angustiada de casa porque mamá estaba a los gritos y golpes con el tipo ese; me puse a meditar y rezongar debajo de un árbol gigante. ‘¡Qué vida trucha, qué vida trucha!’ me decía a mí misma. También dije algo así como ‘ojalá me chupe el Diablo y me haga loca’. De pronto un señor vestido de traje se me acercó y me dijo, muy amablemente: ‘nena, vos sos importantísima’. Y bueno, yo quedé extasiada, nunca nadie antes me había llamado ‘nena’. Ese hombre entonces me explicó que pertenecía a una asociación religiosa llamada Satanismo y que siempre recorría las plazas buscando elegidos. La noche siguiente fui con él a una de las reuniones, y me atrajo bastante. Era en una casa de familia —pónganle que contándome a mí éramos unas quince personas—; y así como les pedí a ustedes para hacer acá, ellos también tenían formada una gran estrella de fuego —solo que encendían velas, no palos—. Luego se pusieron a cantar unos temas en latín y rumano, acuchillaron un pavo y llamaron al Diablo.
El Diablo dijo que estaba bien, que me podía quedar, que era una elegida. A partir de entonces esa gente me fue instruyendo en todo lo que es ocultismo, filosofía, meditación trascendental, viaje astral, curaciones milagrosas, manipulación espiritual de la materia, revisionismo religioso y demás.
Les voy a enseñar algunas cositas básicas. A ver, Marita, acercate. Mirá, ¿vos dijiste que lo querías a Santiago, no? Oquéi, probemos una técnica de enlazar corazones. Tomá este papelito, ¿ves que hay una especie de rezo ahí? Repetí esta oración varias veces, en voz alta, pero en lugar de decir Fulano decí Santiago Locke. A ver, probá….”

¡Fue increíble! Después de la tercera repetición del rezo, Santiago se puso de pie, se sacó la remera y fue corriendo a transarla a Marita. Al ratito Ludmila les tocó la cabeza a los dos, gritó ‘basta ulacubum’ y Santiago se fue a sentar explicando que Marita no le gustaba, que actuó bajo hipnotismo, nada más. Y así concluyó el evento.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Séptima noche


 
Tengo que explicarles el panorama mundial de la época en que transcurrió esta historia. Resulta que Europa era regida por la Iglesia de Roma. Resulta que la ciudad (Roma) era altamente influenciada por el Vaticano. El Vaticano (resulta) era gobernado por el máximo representante de la religión islámica, denominado Aláj Mabul. [Aláj Mabul significa (en árabe) “jefe supremo sobre la Tierra”. En la Tierra no puede estar Mahoma (no), entonces comisiona al Aláj Mabul (llenándolo con su espíritu) para que dirija a los musulmanes y someta a los cristianos (Dios lo va a juzgar)]. Estados Unidos era la única fuerza militar que enfrentaba a ese imperio. De hecho, Estados Unidos era el único refugio seguro para los cristianos (resulta) (que en Roma eran quemados, masacrados o asesinados).
Uno de los jóvenes del grupo —me refiero a los diez que estaban en Cañuelas—, uno de ellos era mahometano, se llamaba Abdul.
Varón de guerra que tuvo mucho que ver (su familia y él) con eso de la peste terrible en Buenos Aires. Entonces los demás jóvenes del grupo lo respetaban, porque un musulmán era digno de ser temido (en ese tiempo) —a menos que estuviese en Nueva York, donde eran masacrados, violados o asesinados—.
Abdul contó estas cosas a los otros presentes…     :
“Ustedes hablaron de amor, lujuria, misterios, engaños, maldiciones y no sé qué más. Pero dejaron para mí una grieta —Alá la llene—. Voy a entrar en lo que ustedes no entraron; voy a hablar de sangre, de batalla, de ¡venganza!, de pasión y dulzura. Oigan con fijeza.
Un día recorría Dorrego, la plaza, era domingo, y abundante multitud asfixiaba el espacio; entonces me puse en pie sobre una mesa de madera, saqué del bolso mi aséis-venticuatro-hachepé y grité a voz en cuello: ‘quien sea norteamericano que alce sus manos’. Como ochenta lo hicieron y los maté a balas de mi arma. ¡Ah, qué placer! Pero Alá goza más. Entonces la gente reía, cantaba, brincaba y se acercaba a estrechar mi mano. ‘No deje de hacer lo que hace’ me decían algunos. Luego disparé al aire y exclamé a voz en cuello: ‘quien sea judío que alce sus manos’. Como cincuenta lo hicieron, y les pedí que me acompañaran, y les di un Corán. Maté a balazos a los norteamericanos, porque lo merecen, y enseñé la fe a los judíos, y los maté luego. Mi último objetivo eran los Testigos de Jehová, son la más admirable, sabia, espantosa y lectora gente que conocemos (mi familia y yo). Quería descuartizar a cada hombre de Jehová que encontrara (pues son difíciles de hallar, sus mujeres ya no visten falda como antaño). Pregunté a voz en cuello: ‘¿quién quiere ser Testigo de Jehová?’; ‘yo ya lo soy’, me dijo uno, y lo despedacé. Tres veces. Pero luego sentí como si una mano espiritual apretujase mi corazón, comprendí enseguida que yo había herido a alguien del Señor. Era el Espíritu de Mahoma que indicaba mi pecado. Ahí entendí que el Profeta —¡santo su nombre!— ama a todos por igual, que él no vino a generar divisiones sino para que todos los humanos viviéramos en armonía. Por eso ahora yo los aprecio al cristiano, al homosexual y a la mujer. Pedí perdón por haber tenido tanto que ver con la peste tremenda que lastima nuestro Buenos Aires; pero estaba ciego, mas ahora veo. ‘El que no tenga ningún pecado, que arroje su cuerpo a mi cuarto’. Ese es el lema que hoy defiendo.
No a la guerra, sí a la paz. No a la discriminación, sí a la tolerancia. No a la fornicación, sí al amor casto en el matrimonio. No a la religión organizada, sí a la espiritualidad libre de prejuicios. No a la guerra. Y en cuanto a Marita, bueno, yo quisiera que fuese mi novia. Porque la amé desde el primer momento en que la oí reír.”

Todo eso habló Abdul. Fue hermoso, porque después del discurso los chicos se emocionaron, lloraron, rezaron y escribió cada uno sus pecados en un papelito, para tirarlos luego (acto simbólico) al fuego (estaban haciendo un fogón).
Sigue ahora la historia de Ludmila, la preciosa Ludmila, novia de Ramiro (acordionista); ella confesó varias de sus estrategias para conseguir enamorados. Y enseñó también de magia y satanismo. Ella era una satanista.

http://elamigoporrini.blogspot.com/2010/11/octava-noche.html 

sábado, 20 de noviembre de 2010

Sexta noche



“Bueno, chicos, ustedes saben que ahora estoy soli-soli; un poco tristucha, eso sí, porque recién hace tres semanitas que corté con Javi, mi novio —bah, ¡exnovio!, jejé—. No sé qué pasó, andábamos re bien juntos, no sé por qué cortamos. Bueno, yo ya le había dicho que me gustaba churrear con otros chicos; él me dijo que estaba todo bien, que él también tenía sus locuritas. Nos conocimos en la facu, él era mi profe de Historia. A mí me empezó a calentar desde la primera clase, tenía una barbita candado que no saben lo que era —mmm…—; bueno, jejé, pero me aguanté hasta el día del parcial. Fui la última en entregar, quería que estuviéramos los dos solos. Entonces me le acerqué y seguí una táctica que inventé en el momento: primero, sin que él me viera, me hice un punto en el pantalón con la lapicera —acá, por la nalguita—; después voy y le digo ‘pro, mire, ¿me escribí en el pantalón?’ Sí, me respondió, apenitas. ‘A ver, dígame dónde, ponga el dedo’ —eso le decía  yo, jejé—. Entonces no sé, ahí pasó, de la facu salimos juntos, fuimos para su casa. ¡Ah, pero si será de Dios! que justo cuando estábamos por abrir la puerta de calle —porque él vive en edificio, ¿sí?—, justo ahí aparece su hermano, que venía a visitarlo. Subimos los tres.
Vimos una peli, jugueteamos un rato, el hermano después se fue, ¡jugueteamos ooootro rato!, jejé, y después me fui —porque no le había avisado nada a mis viejos—.
Ahora les voy a contar el momento mucho más romántico que viví con él. Un fin de semana, Javi y yo habíamos ido a Tandil. Ahí en Tandil hay una lagunita que le dicen ‘Capuy’; bueno, nos habíamos sentado los dos en una especie de playita, a la orilla del agua. Pónganle que alrededor nuestro había como quince o veinte personas. En eso él me pregunta: ‘¿me creés si te digo que el amor que siento por vos me da el poder para hacer lo que sea?’ Yo le sonrío. ‘Recostaste y cerrá un minuto los ojos’, me dice.
Pasó la verdad prácticamente un minuto cuando me pidió que los abriera. Y ¡uau!, no saben lo que fue eso. ¡Increíble! De pronto en la playa estábamos solos; había anochecido y veíamos a la luna llena grandota en frente nuestro; yo —que antes tenía una mallita— estaba desnuda; él también. En la laguna había una canoita con velero, vacía, como para usarla nosotros. Nos metimos y navegamos dando vueltas y más vueltas. Él me cantaba.
Esa noche lo pasé de maravilla. Pero qué bajón feo que ya no estemos juntos, si nos queríamos mucho…. Yo, chicos, soy muy sensible a las cosas del amor; todo lo que tenga que ver con besos, caricias y demás, lo recibo agradecida. Jesús me dio la vida para disfrutarla, y quiero que otros también disfruten conmigo.
Santi, escuchame, ¿es necesario que me ensucie el pantalón con la lapicera? Por favor, Santi, por favor….”
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